La chica Google
De estudiar a Sócrates a trabajar en Google: te cuento cómo pasé el proceso de selección y qué aprendí en el camino.
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Querida persona que me lee:
¿Cómo le dices a la gente estudiosa? Ratones de biblioteca, matados, nerds, todo depende de tu país. Pues cuando estaba en la secundaria, a algún creativo se le ocurrió que era una buena idea llamarme La chica Google. La lógica era simple: todo lo sabía. Aplicaba el adagio materno “Lo que no sabes, lo inventas”.
Brindo por todas las tareas que le pasé a mis compañeros a lo largo de mi vida estudiantil.
Pues resulta que ahora ya tengo derecho a ser “La chica Google” pero de verdad.
Quizá no lo sepas, pero mi título nobiliario es UX Writer. En palabras simples: me dedico a crear textos dentro de aplicaciones digitales. También me encargo de proponer y supervisar estrategias narrativas y de comunicaciones para productos digitales. ¿Un ejemplo? Abre tu app de banco y cuenta cuántos letreritos hay. ¿Recibes correos cuando haces una transferencia? Seguramente fueron planeados y escritos por gente como yo.
Casi no hablo de mi quehacer laboral en estas cartas por diversas razones. Para empezar, en este espacio me permito ser un tanto más irreverente que en mi trabajo. No quiero aburrirte con cosas técnicas y considero sabio hacer una separación de mi quehacer artístico del laboral.
Hoy abro un paréntesis porque quizá te sirva escuchar cómo alguien que estudió Humanidades termina trabajando en la que probablemente sea la tecnológica más grande del mundo.
Todo empezó con un mensaje de LinkedIn. Una red social a la que rara vez entro porque cada vez que la abro lo que más encuentro son publicaciones motivacionales de gente que descubrió el agua tibia.
Eso y gente midiéndosela en versión laboral. Aunque no suelo escribir mucho ahí, sí que tengo un perfil más o menos cuidado.
1.- Esa es la primera enseñanza: ten tu perfil de LinkedIn actualizado. Nunca sabes quién anda buscando exactamente lo que tú haces.
La reclutadora me dijo que me buscaba de Google. Ese fin de semana me convertí en un zombi poseído actualizando mi portafolio en medio de comida familiar. Lo cual, debo decir, fue un ejercicio de introspección brutal: tuve que contar mi participación en proyectos y explicar qué rayos hago con palabras que entendiera alguien que no vive dentro de mi cabeza.
Pasé la primera entrevista con la reclutadora, quien después me explicó el “paquete de beneficios”. La manera corporativa de llamarle a cuánto quiere pagarme don Google. Casi lloro de emoción.
Luego vino la entrevista con quien ahora es mi jefe. El hombre es algo serio y durante cuarenta y cinco minutos enteros me pregunté si la cosa estaba yendo terriblemente mal o si así era él. Spoiler: así es él. Hubo match, lo cual demuestra que a veces la química profesional tarda en revelarse.
La semana siguiente fue la prueba de fuego: una presentación de una hora frente a tres personas. Luego, en horarios separados, cada una me haría una entrevista distinta: una sobre el rol, otra con un reto técnico, y la tercera sobre algo llamado “Googleyness”.
Sí, así se llama el concepto.
No, no me preguntaron qué haría si estuviera atrapada dentro de una licuadora, como en la película The Internship. Mi mayor decepción sobre el proceso.
2.- Segunda enseñanza: apóyate en tu gente. Dos amigos de Toastmasters (la organización de comunicación a la que pertenezco), Rogelio y Arturo, me vieron practicar mi presentación en inglés. Me corrigieron, me animaron y me señalaron cuando sonaba como robot leyendo teleprompter.
Pero la enseñanza más grande fue tragarme la vergüenza.
Resulta que hay una mujer llamada Torrey Podmajersky que escribió lo que me atrevería a llamar la Biblia de los UX Writers: Strategic Writing for UX. Conocida en el medio como “la del pelo rosa” (aunque ya no tiene el pelo rosa), en algún momento trabajó en Google.
Esos días, armada yo de puro nervio, le mandé un mensaje por LinkedIn. Así, random. Esperando ser olímpicamente ignorada.
Para mi sorpresa, me invitó a una videollamada y me dio múltiples tips. Gratis. Sin pedirme nada a cambio.
3.- Tercera enseñanza: a veces conocer a tus ídolos sí es buena idea. En ocasiones la gente que admiras está dispuesta a ayudarte si simplemente te atreves a preguntar. El peor escenario es que te ignoren. El mejor es que te cambien el rumbo.
Después de todo eso, pasé diciembre entero muerta de nervios esperando la respuesta. Las posadas se sentían como un limbo navideño donde cada notificación del celular me provocaba un microinfarto.
Y dos días antes de Navidad, la respuesta llegó.
Ahora soy Senior UX Writer en Google. Se siente raro ser la chica de las Humanidades (y luego del periodismo), que se enfrentó mil y un veces a la pregunta: “¿Y de eso se vive?”, que ahora trabaja en una de las tecnológicas más grandes del planeta.
No porque yo sea especial, muy lista o genia, sino porque en algún punto decidí que merecía intentarlo, porque llevo más de siete años trabajando en el medio tecnológico, porque pedir ayuda es el más grande hack que puedo dar.
Quizá tú también tienes un sueño que se siente demasiado grande. Quizá te da miedo pedirle ayuda a alguien que admiras. Quizá llevas meses posponiendo actualizar ese perfil o ese portafolio.
Esta carta es mi manera de decirte: hazlo. El proceso es largo y a veces incómodo, pero del otro lado hay cosas inimaginables
Spoiler: mi trabajo ahora será mandarle a una inteligencia artificial. Chulada, ¿no? Para que veas que todavía necesitamos gente que escriba, pero sobre todo, gente que piense.
Como dice Bad Bunny, en serio vale la pena creer en ti. Y como dijo el patinador Donovan Carrillo: los sueños se pueden hacer realidad.
Hay álbumes que llegan en el momento exacto. Princess of Power de Marina cayó a mis oídos justo mientras atravesaba este proceso.
También es para que veas que sí oigo pop de vez en cuando.
La canción que abre el disco lleva el mismo nombre y arranca con cuerdas suaves antes de explotar en sintetizadores y una declaración de intenciones: “This spaceship has left the station, I’ve had a revelation”.
Marina canta sobre transformarse, sobre dejar de esconderse, sobre reclamar el poder que siempre estuvo ahí pero que el mundo, o tú misma, te convenció de que no merecías.
Marina dijo en una entrevista que durante mucho tiempo creyó que ser vulnerable era ser débil. Este disco es su manera de decir que amar: amarte, amar a otros, amar lo que haces, es en realidad lo más poderoso que podemos hacer. Muy ad hoc por San Valentín.
Escúchala cuando necesites recordar que mereces ocupar espacio. Que mereces reclamar tu título. Que mereces ser tu propia princesa del poder.
P.D. Si te sirvió esta carta, compártela con alguien que esté en medio de un proceso difícil. A veces lo que necesitamos es saber que alguien más lo logró.
P.D.2. Espero que el señor Sundar Pichai, CEO de Google, nunca encuentre el cuento donde fue personaje…
¿Es tu primera vez? Te dejo más cartas aquí.
Con cariño libre de sueños miedosos,
J. McNamara, aka Geeknifer.
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Guau, Jennifer que padre!!! Me siento muy, muy orgullosa de ti. Sobre todo de cómo te has buscado la vida para ese curro, es genial y demuestra tu talento.
PD: Espero que el CEO sí que lea tu carta. Sí lo hace, el cielo será tu límite.
De mis cartas favoritas 💖