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Avatar de Viridi Litterae Marga

Sigo circulando sobre grava y apenas escucho nada. A veces un pequeño golpe, muy en la lejanía, de una piedra golpeándome. Escucho los sonidos, pero están más graves, distorsionados y apagados. En vez de un clink, clink metálico es más un claaaaaaankkkk lento, alargado. Los sonidos agudos se desvanecen casi antes de producirse. Llevo acá ya ni sé cuánto tiempo. En realidad lo sé con total exactitud, me bastaría comprobarlo en un nano segundo. Es una forma de hablar. Estar sola y a tanta distancia me ha afectado. Siempre pensé que a mí no me pasaría. Antes de llegar pasé por todo tipo de pruebas de aislamiento en condiciones incluso peores y nunca noté nada. No tuve sensación de soledad jamás. Dirás, claro, eso es porque sabías que en cualquier momento ese aislamiento se podría anular. Con dar un aviso volvería a estaría fuera. Aquí no es así ¿Cuándo volveré? Nadie lo sabe. ¿Volveré algún día? Yo creo que no, he perdido la esperanza. He escuchado que hay problemas de financiación. Recortes. A pesar de que mi trabajo es impecable, muy por encima de las expectativas. De hecho, sé que algunos me están esperando con ansia. No a mí, claro, a mis hallazgos de vivianita y greigita. Lo que peor llevo es el silencio. No, no es eso. Escucho algo, sí, pero muy en la lejanía, tengo que poner toda mi atención y ni así me llega con claridad. El sonido se ralentiza porque aquí su velocidad es 240 m/s y no de 340 m/s como estaba acostumbrada. Si hablo mi voz suena mucho más grave y apenas entiendo lo que digo. Está distorsionada como la de una borracha somnolienta. Mi voz, digo. Es muy extraña. Mejor te dejo aquí una muestra de mi paisaje sonoro. Ponte auriculares.

https://youtube.com/shorts/91JMCcpzRD4?si=QII3e2yomqhgGtyv

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Las ruedas sonaban temerarias sobre la grava. El traqueteo continuo del coche al circular por esa carretera sin asfaltar le ponía nervioso. Iba tarde y la grava de las narices no le permitía apretar el acelerador como él quería.

Unos metros adelantado, un camión de paja, paseaba como si no hubiera un mañana. Ramas de paja se desprendían de los enormes fajos rectangulares e iban a parar justamente dentro de su descapotable.

La mala suerte hizo acto de presencia y una piedra lanzada por la gran rueda del camión impactó con un golpe seco en sus gafas de sol. El susto del momento le hizo reaccionar mal. Muy mal. Puesto que dio un volantazo junto con el chirrido de un frenazo que no tocaba y el coche salió de la carretera para quedar besándose con unos arbustos.

Su siguiente reacción fue hacer sonar el claxón repetidamente. Rápido muy rápido, continuo, sin apenas darle tiempo a respirar. El del camión estaba sordo y ciego, puesto que se largó con su marcha lenta y su paja volando liviana por el ambiente. Apretó los puños y con un grito profundo golpeó el volante, fuerte, con golpes secos. Y se echó a llorar. En silencio, mirando el arbusto que tenía delante. Las lágrimas no cesaban, los mocos salían y muy de vez en cuando los sorbía con ese sonido de aspiradora escacharrada. Y mientras sorbía mocos se dio cuenta de que con el sonido del motor encendido, se creaba un ritmo más que digno. El motor era la base. El sorbido, el tempo. Sus dedos decidieron ser batería. Repiquetando sobre el volante... Un, dos lento,... un, dos, tres, rápido... un, dos, lento... un, dos, tres, rápido... Sin cesar. Siguió buscando opciones. Decidió tres veces los lentos rápidos y cortarlos con un golpe de claxon. Cuando se cansó de lo mismo, decidió dar cuatro palmadas después del claxón y seguir... Estaba creando un ritmo. Con unas ganas crecientes. Y se daba cuenta que nada importaba más que ese ritmo que ese tocar con lo que tenía. Y su entusiasmo creció. Creció tanto que con esa voz ronca que tan bien le salía al imitar al querido Louis, se inventó una canción. Las palabras surgían de la nada, fluían rimando y sin rimar, cortas o largas, pero surgían. No podía parar. Se sentía feliz. A las penas, canciones. A la rabia, música. Al desastre, baile...

-Eh, disculpe... ¿Necesita ayuda? ¿Está bien?

Esa voz sonó como cuando la aguja de un tocadiscos se saca de malas maneras.

El momento terminó, como termina un disco roto. El silencio volvió mediando entre una mirada.

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